Demos nuestro tiempo a quien lo valore tanto como nosotros.

¿Carretera secundaria? Diría que no

Me desvíe a propósito…Sabía de aquella intersección y tomé la decisión de cogerla segundos antes de llegar a ella.
Era nuestra ruta habitual, la única de hecho, para ir al pueblo de mis abuelos. Cada fin de semana recorríamos aquel trazado serpenteante, estrecho, con algún que otro bache, y aquella preciosa casa junto al riachuelo…
Decidí tomar esa salida, bastantes años después, de forma impulsiva y por nostalgia… ¿por qué no decirlo?
Autovías y autopistas que, hoy día, adormecen esos viajes mucho más divertidos de décadas pasadas. Carreteras que nos hacen llegar antes, ganar tiempo…. ¿tiempo para qué…? ¿tiempo para quién…?
Kilómetros de asfalto que nos alejan de esos pueblos más pequeños, de esos negocios tradicionales, de esas ventas y obradores de toda la vida…. ¡¡Ahora nos gustan más las grandes superficies!!

Calle de Frigiliana

Carreteras con grandes puentes y estructuras de hormigón, que no nos permiten acercarnos a paisajes alucinantes. Esos mismos paisajes que buscamos en Pinterest porque ahora llegamos antes a casa… Carreteras que no nos dejan degustar el menú de una venta tradicional, pero si nos van a dar más tiempo para ver un programa de cocina en nuestra súper pantalla HD.
Autovías en las que ya no te cruzas con un rebaño de ovejas o cabras, si con locos al volante que, ya quisieran para ellos la cordura de tan cívicos animales…

¿Tiempo para qué, tiempo para quién?

Un tiempo bien organizado es la señal más clara de una mente bien
organizada”
dijo el inventor inglés Isaac Picman.

Ahora bien, ¿en qué contexto se organiza nuestra mente? O, mejor dicho, ¿en qué contexto quieren que organicemos nuestra mente? Esta sociedad está diseñada para que seamos productivos, para que no perdamos ni un segundo para que nos sintamos culpables si no usamos el tiempo de modo rentable.
Andamos siempre con prisas y en modo multitareas porque decir que nos sobra tiempo o que no echamos horas extras está mal visto. ¿Es, entonces, una obligación o una autoexigencia? Creo que no me equivoco si digo que una autoexigencia derivada de una generalidad social.

Y cumplir lo que se espera de nosotros se merece un premio; y por ello nos premiamos continuamente. Solemos hacerlo con bienes materiales, con viajes, ocio costoso… y para conseguir ese premio no nos queda de otra que seguir trabajando más y más. No hay más opción que seguir en la formula del tiempo productivo. También está mal visto si no aspiras a tres viajes al año, a cambiar de coche con frecuencia o a hacer deporte equipado como un deportista de élite.

El tiempo en nuestras manos…

Antes sólo trabajaba papa o mama y era suficiente, sólo había un coche en casa y también era suficiente, lo más parecido a unas vacaciones era quedarnos diez días en casa de una de nuestras tías y era suficiente…
Lo que os decía: ¿en qué contexto quieren que organicemos nuestra mente? En el de nunca es suficiente.

Sacrificamos lo que más nos apasiona.

En esa apretada agenda que cargamos cada día, no cabe nada de aquello que nos resulta gratificante. No cabe un café con amigos, tampoco una charla sin prisas con nuestros padres, ni un paseo, ni un buen rato de juego con nuestros hijos, ni nada que no sea remunerado.
Si eliminamos lo que nos gusta, nuestras aficiones, nuestros “escapes”, seguro que nuestro estado de ánimo se resiente y tenderemos a llenar ese vacío con bártulos, chismes y enseres que no necesitamos. De nuevo se repite el ciclo.
Muy modernos, pero sin tiempo y rodeados de lo último que una gran multinacional sacó al mercado. Que, por cierto, será “antiguo” dentro de tres meses y tendremos que seguir trabajando, los fines de semana, para seguir estando a la última…
Cumplir con todos nuestras “obligaciones” es ya de por si estresante. La obsesión por la limpieza, quedar siempre bien con los demás, no saber decir “NO… No hay tiempo para la reflexión. Sin tiempo para la introspección, somos como un frágil palito en medio de una gran corriente de agua: pequeños y perdidos.

Escribir es una de mis grandes pasiones

La manida frase “el tiempo es oro”, en mi opinión, está mal formulada. Nuestro tiempo es oro; el nuestro, el que queremos emplear en lo que verdaderamente deseamos. Obvio que no podemos vivir en un mundo utópico sin obligaciones, ni horarios, pero es igualmente obvio que no debemos dejarnos engullir por la vorágine del día a día.

El tiempo en nuestro sector.

Si algo hemos de emplear en nuestro trabajo es tiempo. Un tiempo dedicado que vamos echando en una bolsa imaginaria y que, si todo sale bien, se recupera convertido en capital. Sistemas, procesos, CRM… para ser más eficientes. Muchos ladrones de tiempo que tratamos de sortear a toda costa y multitud de acciones sin retorno.
Además de la doble visión que del valor del tiempo se da en una profesión, en la que nuestra propuesta de valor no es tangible, ni palpable.¿Cuántas veces nos dejan “tirados” los clientes y no volvemos a saber de ellos…? También clientes que te dicen “bueno, de todas formas vamos a ver el piso…” , y hemos de decirles que primero han de ver a su asesor de banco para que ni propietarios, ni agentes, ni ellos mismos perdamos el tiempo. También propietarios que quieren salir con un precio de su vivienda muy por encima del valor de mercado porque no son conscientes del “peso” del tiempo en el precio. Y tantas y tantas situaciones que se nos dan cada día y que requieren de mucha acción “educativa” por nuestra parte.
Y es que, como os decía, el tiempo no tiene el mismo valor para todos; sobre todo el tiempo ajeno.

En nuestras formaciones incluimos cursos de gestión del tiempo, técnicas para que nuestra agenda sea un búnquer, vídeos y post que nos muestren cómo hacer para marcharnos cada día a casa con todas las tareas hechas…

durante una sesión formativa sobre estrategia empresarial

Así, nos toca blindar nuestro tiempo en cuanto a las acciones que hemos de realizar cada día, pero también accionar filtros para determinar a quién dedicamos nuestro tiempo.
Aquí, en lo profesional, también debemos parar y reflexionar para determinar a quién ofrecemos nuestras horas de trabajo. Demos nuestro tiempo a quien lo valore tanto como nosotros.

Publicado por María del Mar Aragón

Relacionándome con personas desde siempre. Más de once años en el ámbito deportivo para pasar a formar parte, después, de un sector controvertido como es el inmobiliario.¿Por qué este sector? la mayoría de mis amigos están en el y con amplias trayectorias. Personas fiables, generosas, cercanas... ¡No era lo que me habían contado de este sector! Ser asesor tiene ingredientes que, ya antes de conocer este ámbito, me atraían: trabajo a píe de calle, fotografía, creatividad... y personas. Personas con proyectos, historias y motivaciones en los que poder participar y facilitar. Un sector en el que derribar clichés, estereotipos e ideas preconcebidas del único modo que sé y considero loable: trabajando, trabajando y trabajando. "Lo que haces habla tan fuerte que no se oye lo que dices; haz" ¡Hagamos!

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